La psicóloga y escritora Laura Santander: «Sanar no es un camino de rosas. Sanar es volver a escucharte” Laura Santander, psicóloga nacida en Venezuela y residenciada en España, presenta su primer libro titulado “Volver a ti”, una obra escrita en clave de acompañamiento, como un regreso a la esencia de la mujer para discutir ante sí misma la dirección y los ciclos de su vida coherentes con su verdadera necesidad. En esta conversación exclusiva con buenosairesenvivo.com y cadenaiberonews.com, advierte con claridad que “No basta con romper modelos antiguos; hay que evitar construir cárceles nuevas con estética moderna”.
Laura Santander, escritora venezolana, residenciada en España 1
Decía la filósofa Simone de Beauvoir en su obra El segundo sexo que “No se nace mujer, se llega a serlo”. ¿Estás de acuerdo?
Laura Santander: – Estoy de acuerdo en que nos vamos construyendo, aunque hoy ampliaría esa frase desde una mirada más emocional, psicológica y simbólica. Nacemos con un cuerpo, con una historia biológica, con una sensibilidad particular, pero el significado de “ser mujer” se va construyendo a lo largo de la vida. Se construye en la familia, en la cultura, en la educación, en las expectativas sociales, en las heridas, en los mandatos y también en las decisiones conscientes que una mujer toma sobre sí misma. Muchas mujeres pasan buena parte de su vida intentando responder a modelos externos: la buena hija, la buena pareja, la buena madre, la mujer fuerte, la mujer productiva, la mujer que puede con todo. Pero llega un momento en el que una se pregunta: “¿Quién soy yo más allá de todo lo que aprendí que debía ser?”. Y allí comienza un proceso profundamente transformador.
Desde Volver a ti, yo diría que no solo se llega a ser mujer; también se llega a reconocerse mujer desde un lugar más propio, más libre y más consciente. Ser mujer no debería ser una jaula de expectativas, sino un territorio vivo de identidad, poder personal, sensibilidad y elección.
– ¿Cuáles son los nuevos retos que enfrenta la mujer en el siglo XXI?
L.S.: – Existe un reto muy complejo que es habitar la libertad sin quedar atrapada en una nueva forma de exigencia. Hemos ganado espacios, voz, presencia profesional, autonomía económica y capacidad de decisión, pero muchas veces esa conquista viene acompañada de una sobrecarga silenciosa. Hoy la mujer no solo debe desarrollarse profesionalmente, también se espera que cuide, que lidere, que emprenda, que se vea bien, que gestione sus emociones, que sostenga vínculos, que sea independiente, que sea amorosa, que no envejezca demasiado rápido, que sane sus heridas, que sea espiritual, productiva y, si puede, que además duerma ocho horas. Es decir, hemos cambiado algunos techos de cristal por techos de cansancio.
Tenemos que aprender a no confundir empoderamiento con agotamiento. El verdadero empoderamiento no es poder con todo; es poder elegir, poder poner límites, poder decir no, poder descansar sin culpa y poder construir una vida que no esté diseñada únicamente para responder a las expectativas de otros.
– ¿Los retos del pasado se han superado o solo se han sumado a la carga diaria?
L.S.: – Algunos se han transformado, otros se han superado parcialmente, y muchos se han sumado a la carga diaria. No podemos negar los avances: hoy muchas mujeres tienen más acceso a la educación, al trabajo, a la independencia económica y a espacios de liderazgo. Pero sería ingenuo decir que todo está resuelto. Antes muchas mujeres luchaban por tener permiso para salir al mundo. Hoy muchas ya están en el mundo, pero siguen llevando sobre sus hombros una carga emocional, familiar y social enorme. La desigualdad no siempre aparece de forma evidente; a veces aparece en la culpa, en la doble jornada, en el miedo a envejecer, en la presión por cumplir todos los roles o en la dificultad para detenerse.
El desafío actual no es solo conquistar espacios externos, sino recuperar espacios internos. Porque una mujer puede estar profesionalmente posicionada y, al mismo tiempo, profundamente desconectada de sí misma. Y ahí es donde Volver a ti plantea una pregunta esencial: ¿de qué sirve llegar tan lejos si en el camino te pierdes a ti misma?
– ¿Por qué tu libro “Volver a ti”?
L.S.: – Durante mucho tiempo he visto, acompañado y también vivido procesos en los que las mujeres se alejan de sí mismas sin darse cuenta. Se alejan intentando cumplir, sostener, amar, trabajar, cuidar, producir, resistir. Un día se miran al espejo y sienten que algo en ellas se apagó, no porque hayan fracasado, sino porque han estado demasiado tiempo sobreviviendo en automático. Volver a ti nace como una invitación a regresar al centro. No es un libro para volver al pasado, ni para idealizar una versión anterior de una misma. Es un libro para recordar quién eres después de todo lo que has atravesado.
Significa recuperar tu voz, tu deseo, tu energía, tu intuición, tu cuerpo, tu capacidad de elegir y tu derecho a vivir sin pedir permiso por existir plenamente. Es un proceso de reconexión emocional, pero también de responsabilidad personal. Porque volver a una misma no siempre es cómodo; a veces implica tomar decisiones, soltar personajes, revisar vínculos, reconocer dolores y dejar de traicionarse para ser aceptada.
– ¿Cuáles son los ciclos que citas en tu obra?
L.S.: – Hablo de los ciclos como una forma de comprender la vida femenina desde una mirada más humana y menos lineal. Nos han enseñado a vivir como si siempre tuviéramos que estar en el mismo nivel de energía, claridad, productividad y entusiasmo, pero la vida no funciona así. La naturaleza no funciona así. El cuerpo no funciona así. El alma tampoco. Existen ciclos emocionales, ciclos vitales, ciclos de pérdida y renacimiento, ciclos de cierre, de duelo, de reinvención y de expansión. También me inspiro en la simbología de lo femenino y en la sabiduría de los procesos: hay momentos para sembrar, momentos para sostener, momentos para soltar y momentos para volver a florecer.
Para mí, reconocer los ciclos es dejar de castigarnos por cambiar. Una mujer no es incoherente porque cambia; muchas veces está evolucionando. Hay etapas en las que toca retirarse, escucharse, reconstruirse. Y hay otras en las que toca salir, expresarse, crear y liderar. Comprender nuestros ciclos nos permite vivir con menos culpa y con más conciencia.
– ¿Hay que volver al ser para poder continuar?
L.S.: – Claro, creo que no se puede continuar de verdad si una no vuelve antes al ser. Se puede seguir funcionando, por supuesto. Se puede trabajar, responder mensajes, cumplir responsabilidades, sonreír en reuniones y hacer como que todo está bien. Pero eso no siempre es continuar; a veces es simplemente mantenerse en movimiento para no sentir. Volver al ser significa detenerse y preguntarse: “¿Qué necesito? ¿Qué siento? ¿Qué estoy sosteniendo que ya no puedo cargar? ¿Qué parte de mí he dejado olvidada?”. Es una pausa necesaria, no para abandonar la vida, sino para volver a habitarla con más verdad.
En una sociedad obsesionada con avanzar, parar parece un acto de rebeldía. Pero muchas veces la pausa es el inicio de una nueva dirección. Volver al ser no es retroceder; es recalibrar el alma antes de dar el siguiente paso.
– ¿Y el hombre? ¿Ha superado los paradigmas del pasado con relación a la mujer?
L.S.: – Algunos hombres sí han iniciado un proceso importante de revisión, pero como sociedad todavía queda mucho por hacer. Sería injusto decir que nada ha cambiado; hay hombres más conscientes, más presentes, más abiertos al diálogo, más dispuestos a cuestionar modelos de masculinidad rígidos. Pero también sería ingenuo afirmar que los viejos paradigmas han desaparecido. Muchos hombres fueron educados en una cultura donde se les enseñó a controlar más que a acompañar, a resolver más que a escuchar, a proveer más que a sentir. Y eso también les ha hecho daño a ellos. El patriarcado no solo limita a las mujeres; también empobrece emocionalmente a los hombres. El cambio real no pasa por poner a hombres y mujeres en bandos enfrentados. Pasa por construir una nueva conversación. Una conversación donde la mujer no tenga que disminuirse para ser amada, y donde el hombre no tenga que endurecerse para sentirse válido. Necesitamos vínculos más conscientes, más corresponsables y menos basados en el poder o en el miedo.
– ¿Percibes cambios en las nuevas generaciones o se repiten modelos?
L.S.: – Ambas cosas, las nuevas generaciones tienen más lenguaje emocional, más conciencia sobre la igualdad, más apertura para hablar de salud mental, vínculos, identidad y límites. Eso es muy valioso. Hay una generación que se atreve a nombrar lo que antes se callaba, y eso ya es un cambio enorme. Pero también veo que algunos modelos se repiten con otros disfraces. A veces la presión ya no viene solo de la familia o la pareja, sino de las redes sociales, de la comparación constante, de la hiperexposición, del ideal de éxito inmediato o de una supuesta libertad que también puede volverse exigente. Las nuevas generaciones tienen más herramientas, pero también más ruido. Por eso es tan importante educar en conciencia emocional, autoestima, pensamiento crítico y autocuidado real. No basta con romper modelos antiguos; hay que evitar construir cárceles nuevas con estética moderna.
– ¿Qué sientes cuando vuelves a leer tu libro?
L.S.: – Gratitud porque reconozco el camino recorrido, las preguntas, las caídas, los aprendizajes y las mujeres que de alguna manera están presentes en esas páginas. Y ternura porque sé que cada palabra nació desde un lugar muy honesto. No lo leo como quien revisa un texto terminado; lo leo como quien se encuentra con una parte de sí misma que tuvo el valor de hablar. Siento que el libro también me sigue acompañando a mí, porque volver a una misma no es algo que se hace una sola vez. Es un camino al que regresamos muchas veces, en distintas etapas, con nuevas preguntas y nuevas versiones de nosotras. Cada vez que lo leo recuerdo que sanar no es un camino de rosas. Sanar es volver a escucharte. A veces es dejar de exigirte tanto. A veces es reconocer que ya no eres la misma, y que eso no es una pérdida, sino una evolución.