Baldovi en exclusiva para los medios digitales cadenaiberonews.ar y buenosairesenvivo.com, detalló los intríngulis de tan apasionante historia:
   Yorkshire, 1918. Mientras la Gran Guerra asola Europa, una epidemia conocida como gripe española se extiende por el planeta. Emily Porter, enfermera y escritora atormentada por su experiencia en el frente francés, y su marido David, veterano de las trincheras, se ven obligados a aislarse en su hogar para combatir a la enfermedad. Durante la cuarentena, David lucha contra sus propios demonios mientras Emily se aferra a un último propósito: contar la oscura verdad sobre lo que ocurrió en un remoto hospital de campaña antes de que la enfermedad la silencie para siempre.

 – Cuando ya no esté se desarrolla en tiempos de la gripe española y la Primera Guerra Mundial. Asimismo, está atravesada por tus vivencias cuando la pandemia del COVID. ¿Cómo se da todo este proceso y cuáles son sus puntos de identificación?

 V.B.: – Llevo media vida fascinado por la historia de las pandemias, y de pronto estaba viviendo una desde dentro. Una pregunta me rondaba la cabeza: si nosotros, con toda nuestra tecnología, estábamos desbordados, ¿cómo pudo sobrevivir el mundo en 1918 a la gripe española, sin vacunas, sin antibióticos y con una guerra mundial que lo devoraba todo? Cuando empecé a profundizar en las historias de quienes la vivieron descubrí que sus vivencias, muy parecidas a las nuestras, habían sido sepultadas por la censura de guerra, y quise darles voz como homenaje, tanto a los que dieron su vida en los hospitales de campaña o en las ciudades como a los que estábamos padeciendo el COVID.

    Mis protagonistas, Emily y David, al igual que nos pasó a todos durante el COVID, se enfrentan a un enemigo invisible que parece estar en todas partes con armas tan simples como mascarillas y jabón, y a la posibilidad no solo de desaparecer, sino de perder a quienes aman. Yo mismo había perdido de un día para otro tanto el trabajo de mi vida como a mi suegro, y esa herida se coló en cada frase que tecleaba. La novela transcurre hace más de un siglo, pero habla de lo que cualquiera de nosotros sintió ayer y puede volver a sentir mañana.

   – La realidad de la pareja de Emily y David es determinante para la historia que cuentas.

 V.B.: – Sí, la pareja es la novela. Podría haber contado la pandemia de 1918 a gran escala, con gobiernos, cifras, mapas y conspiraciones, pero las tragedias solo se entienden de verdad cuando les ponemos rostro. Así que encerré la pandemia dentro de una casa para contar lo macro desde lo micro: Emily y David, dos supervivientes del frente con traumas por lo sucedido en un hospital de campaña, intentan construir una vida juntos cuando el mundo a su alrededor vuelve a romperse. La guerra y la gripe están ahí fuera, pero se cuelan en su hogar para dar forma a una batalla contra la enfermedad, los sueños rotos y los secretos que aún arrastran del frente.

    Lo que más me interesaba era someter su amor a la máxima presión y ver qué quedaba de ellos. Cualquiera que haya pasado una cuarentena o una crisis con la persona que ama sabe que en esos momentos todo sale a la luz, sobre todo el verdadero rostro de la persona con la que convivimos y el nuestro. A veces descubrimos algo mejor que la máscara, pero otras veces descubrimos a una persona totalmente diferente. Las grandes crisis revelan lo mejor y lo peor de todos nosotros. Emily lucha por contar lo que ocurrió en el frente antes de que sea demasiado tarde, incluso a costa de su propia seguridad; David, porque ella siga viva. Ese pulso entre diferentes puntos de vista ante la adversidad es la columna vertebral de la novela.

  – ¿Te identificas con Emily? Podría ser que los lectores se identifiquen también con ella, ¿te han contado algo al respecto?

 V.B.: – Me identifico más de lo que me gustaría admitir. Emily se niega a desaparecer en silencio, a que lo que vivió se borre como si nunca hubiera existido. Y yo viví mi propia versión de esa batalla. El Cine Comedia, la sala de Barcelona donde trabajé más de veinticinco años como proyeccionista, cerró sus puertas para siempre. Se esperaba que fuera un cierre discreto, sin ruido, pero me negué a que tanto el cine como quienes lo habíamos cuidado desapareciéramos en la oscuridad como un proyector apagándose, así que conté públicamente lo que estábamos viviendo como trabajadores y como personas durante el cierre. Me despedí en voz alta, por así decirlo. Cuando escribía sobre la obsesión de Emily por recordar estaba escribiendo sobre mí mismo. Nada ni nadie merece desaparecer en silencio como si jamás hubiera importado.

 Y sí, me han llegado mensajes que me han emocionado. Sobre todo, de enfermeras que me dan las gracias por dar luz y voz a una profesión muchas veces ninguneada y olvidada, la gran columna silenciosa de la medicina. Que alguien de hoy lea la historia de una enfermera de 1918 y me diga “gracias por tenernos en cuenta” o “yo pasé por algo parecido, gracias por contarlo” es, sin exagerar, lo más bonito que me ha dado esta novela.

     – ¿Qué drama representa la guerra en las situaciones de tu obra?

 V.B.: – La guerra es un villano con dos rostros. El primero y el más visible es la guerra que destroza cuerpos y mentes en el frente. Emily y David regresan enteros según los papeles oficiales, pero cualquiera que se asome a sus noches sabe que eso es mentira. La guerra no termina cuando enmudecen las armas, continúa en las pesadillas, en los recuerdos, en el día a día cuando un sonido o una imagen les devuelve al campo de batalla.

    El segundo rostro es más siniestro, porque actúa en la sombra: la guerra fue cómplice de la pandemia. Fue la censura militar la que prohibió informar sobre la gripe española para no hundir la moral. De hecho, se la llamó “española” no porque surgiera de España, sino porque ese país, neutral durante la Gran Guerra, era uno de los pocos donde la prensa informaba libremente sobre la pandemia. Esa censura condenó a millones de personas a enfrentarse a ciegas a un enemigo del que nadie les había advertido. Y es, de hecho, el gran antagonista de mi novela. Las balas mataban en el frente, pero el silencio y la censura mataban en todas partes.

                      – También has dicho que tu novela es un homenaje al personal sanitario.

 V.B.: – Y lo mantengo, son la razón de ser del libro. El personal sanitario de ayer y de hoy, tanto en el frente como en la retaguardia, son nuestra primera y última línea de defensa. Da igual el siglo, la bandera o el nombre de la crisis. Cuando todo se derrumba, siempre hay alguien con bata o uniforme que se queda para ayudar a los demás cuando el instinto le grita que huya. En 1918 lo hicieron sin apenas medios y dando su vida a cambio; en 2020 volvimos a verlos dejarse la piel, y mañana, cuando llegue la próxima crisis, ahí estarán otra vez. Somos capaces de olvidar muy rápido a quienes nos salvan, sobre todo si son mujeres. En 1918 la primera línea de defensa contra la gripe fue femenina. Enfermeras, doctoras y voluntarias a las que la Historia sometió a una doble censura, la de la guerra y la del género. Si la historia de Emily sirve para que una sola enfermera, doctora, celadora, limpiadora o investigadora de hoy se sienta vista, todas las lágrimas y el esfuerzo volcado en la novela habrán merecido la pena.

  – ¿Crees que la sociedad en su conjunto aprendió algo de la gripe española y del COVID? ¿Tienes establecidos los distintos aprendizajes?

 V.B.: – Me encantaría responder con un sí rotundo, pero prefiero ser honesto. Aprendimos menos de lo que deberíamos, y lo poco que aprendimos corrimos a olvidarlo. La gripe española empujó el nacimiento de la salud pública moderna, de los sistemas de vigilancia epidemiológica y de la idea de que la sanidad no podía ser un lujo. Pero la lección se pagó con decenas de millones de muertos y el olvido de sus protagonistas.

    La cara oscura del COVID fue descubrir hasta dónde llega la irresponsabilidad: gente incapaz de entender que protegerse era proteger a los demás. Su tan cacareada libertad era la condena de los demás. Pero la parte luminosa también existió y conviene recordarla: la ciencia mundial cooperando a una velocidad nunca vista; la solidaridad silenciosa de vecinos, sanitarios y gente corriente cuidando de desconocidos, y una revalorización de lo más esencial del universo, el amor. Una sonrisa, un abrazo, un “te quiero” en forma de beso se volvieron objetos de lujo que muchos dábamos por sentado y que echamos de menos durante meses. El problema es que la asignatura más importante sigue suspendida, y es la memoria. En cuanto pudimos, guardamos las mascarillas en un cajón y con ellas todo lo vivido, exactamente igual que en 1918. Por eso escribo, para gritar que despertemos de una vez. La memoria es la primera vacuna, y no exige más ciencia que la voluntad de no olvidar.

  – Cuando ya no esté es una novela con un argumento determinado, pero va más allá de ser literatura al uso. Es una creación transmedia que incluye un videojuego y una web. ¿Víctor Baldoví no es un escritor al uso?

 V.B: – No, y a mucha honra. Soy un contador de historias con demasiada imaginación. Vengo del cine y del guion, y cada historia me pide su propio lenguaje. Unas nacen para ser novela, otras para la pantalla y algunas para que el público las juegue. Mi único dogma es entretener, transportar al público a otros mundos y épocas y, sobre todo, hacerle vivir otras vidas.

 La prueba es Cuando ya no esté. Como la historia no cabía en un solo formato, la novela viene acompañada de dos piezas independientes y gratuitas: el videojuego narrativo Campamento 60, una precuela que te pone en la piel de un médico de un hospital de campaña británico, tomando decisiones de vida o muerte con recursos limitados, y la web 1918.es, un recorrido interactivo por la pandemia de gripe española y con la que recordar que detrás de cada cifra siempre hay una persona.

    Y que nadie me busque en la casilla de “autor de un solo libro”. Tengo la recámara llena de historias, algunas que no se han contado nunca y otras que, cuando vean la luz, van a levantar ampollas. Cuando ya no esté ha sido solo la primera campanada.
    Con más de 25 años de experiencia en el Cine Comedia de Barcelona, Baldoví ha trabajado en la creación de historias que transportan a los lectores a épocas y lugares diversos, desde las trincheras de la Primera Guerra Mundial hasta el futuro apocalíptico. Su novela «Cuando ya no esté» es un drama sobre la gripe española y ha sido reconocida por su enfoque narrativo único y su conexión con la historia de la Segunda Guerra Mundial. Baldoví ha ganado el Premio 2GM al mejor blog informativo en 2009 y busca continuar su carrera literaria con el revival del cine analógico y la posibilidad de escribir para franquicias como Star Wars, Indiana Jones o James Bond.