Hace unas semanas nos enteramos de que no íbamos a poder quedarnos en nuestra
casa. En otras palabras teníamos que reinventarnos una vez más y pasar al siguiente
nivel si queríamos quedarnos en el local. Espacio que prendió la mecha para que otros
proyectos increíbles se animaran a estar en la peatonal junto a nosotros. Lugar que nos
formó después de atravesar todo lo que contamos arriba. No podíamos perderlo. Es
nuestro nido. Nuestra sociedad de fomento. Nuestra sede. Nunca nos imaginamos la
repercusión que tuvo nuestro anuncio de retirada, el apoyo fue descomunal y por eso
estamos muy agradecidos y contentos. Nos empezaron a llegar propuestas, todas
increíbles, una tras otra y finalmente concretamos la mejor para – por fin – contarles que
nos quedamos en el ya mítico local 15 de Echeverría 1677. A.k.a. Pasaje Echeverría.
La pizza es fácil de entender. La gastronomía no tanto. Por eso cuando empezamos en
este jueguito entre Sebastián Lahera (Diseñador y Restaurateur) y Clemente Cancela
(Periodista y Conductor de radio y tv) queríamos un producto súper simple para poder
hablar de otras cosas: un nuevo modo de consumo conciente, productos orgánicos
accesibles para todxs, packaging compostable, generar trazabilidad de pequeños
productores para comensales intrépidos y así generar comunidad. Un modelo de
negocio muy diseñado, sólido en sus constantes y disruptivo en sus variables. Nos
brotaba de la cabeza y el corazón. Cómo siempre decimos: “simple no es fácil” y para
estos objetivos pusimos puntos muy claros.
Uno de esos temas fundamentales fue el local. Los contrastes son claves en nuestra
filosofía. Queríamos ubicarnos fuera del circuito caliente. Plantamos bandera en un lugar
abandonado pero que a pocas cuadras tenía un público que iba a saber de lo que
estábamos hablando. A modo de contraste en el interior montamos una cocina de acero
inoxidable, brillante, cuasi quirúrgico. Queríamos que lo espontáneo le gane al protocolo.
Así fue que en un mini local en la vieja estación de Belgrano C, a metros del barrio chino,

donde estábamos rodeados de urbanidad oscura, prendimos una lamparita. Armamos
una suerte de “foodtruck empotrado”. Un Kiosko de pizza al paso. Y gracias al boca en
boca, la idea de locación secreta fue más que favorable. Amigxs que llevaban a otrxs
conociendo dónde queda (era un momento donde no todxs se animaban a entrar a lo
que ahora es el Pasaje Echeverría). Estuvo bueno eso de poner muy grande PONY PIZZA en
los laterales de la caja, fue siempre una manera de seguir el rastro hasta nosotros.
Armamos un spot hermoso. Ideal para primeras citas, para amigos que venían luego de
jugar a la pelota y vecinos de todas las edades. Generamos un pizza hub
descontracturado, ofreciendo un producto de calidad accesible y sin vueltas, al paso, en
conexión con el espacio urbano y la gente.
Nuestra producción escaló y con ella apareció la necesidad de un centro de producción.
Era necesario ordenar. De contar con una mano especializada y manejando el joystick
gastronómico con más de 20 años de trayectoria, así decidimos que era momento de
integrar al equipo a la persona que estuvo desde la gestación: Valentín Grimaldi
(cocinero profesional). Solo con él podíamos pasar a una siguiente pantalla. Y lo
logramos.
Cada vez que comprás una Pony, estás comprando un montón de cosas buenas. No se
trata solo de pizza. Es el vínculo con nuestros clientes y proveedores. Es la cadena de la
comunidad que venimos armando pizza va, cerveza viene. Este año vamos a pasar a una
pantalla nueva y lo vamos a hacer con un nuevo plantel de socios, brindando con una
Bieckert y por supuesto, con ustedes.