Elena Griolli, una de las impulsoras del movimiento Manos Libres es madre, tiene 47 años, trabaja y lleva adelante su hogar como cualquier otra familia. No proviene del ámbito tecnológico ni educativo: su motivación surge exclusivamente de su rol como madre y del deseo genuino de proteger a sus hijos.

La iniciativa comenzó a partir de una pregunta planteada en un grupo de WhatsApp escolar, donde un padre expresó su preocupación por la edad temprana en la que los niños acceden a smartphones y propuso intentar retrasar ese momento.

Esa inquietud, que resultó ser compartida por muchas familias, dio origen a un movimiento que rápidamente se extendió a otros grados y colegios. En muchos casos, los padres ya enfrentaban situaciones que otros buscaban prevenir: conflictos diarios por el uso del teléfono, discusiones constantes, niños absorbidos por las pantallas, vínculos familiares tensionados y un creciente agotamiento en el hogar.

En los últimos diez años, la explosión del smartphone y las redes sociales modificó radicalmente la vida de niños y adolescentes. Especialistas en salud mental y desarrollo infantil advierten sobre consecuencias cada vez más visibles:

  • Adicción y uso problemático de juegos online

  • Falta de concentración

  • Trastornos del sueño

  • Bajo rendimiento académico

  • Bullying y grooming

  • Acceso precoz a pornografía

  • Problemas de vista y posturales

La preocupación no es aislada ni exclusiva de Argentina. En Estados Unidos, un juicio histórico contra Meta y YouTube expone el testimonio de una joven que comenzó a usar YouTube a los 6 años e Instagram a los 9, y que hoy demanda a las plataformas por considerar que su diseño contribuyó a su adicción y al deterioro de su salud mental. En su declaración ante el jurado afirmó que, aun cuando intentaba ponerse límites, no podía hacerlo, y relató cómo el uso compulsivo derivó en aislamiento, depresión y autolesiones. El caso podría sentar precedente para cientos de demandas similares y reabre el debate global sobre la responsabilidad de las plataformas digitales frente a la salud mental infantil.

“Cuando le damos un smartphone a un niño, aunque no siempre lo veamos, le estamos entregando su vida al dispositivo. Y aunque creamos que va a poder manejarlo, la realidad es que no puede. No todavía”, sostienen desde Manos Libres.

La propuesta: una Ley de Acceso Digital Infantil

La petición propone que el Gobierno argentino impulse una legislación específica que contemple:

������ Prohibir la venta de smartphones con datos móviles a menores de 14 años.
������ Hasta esa edad, permitir únicamente:

  • Teléfonos básicos (llamadas + SMS)

  • Relojes inteligentes para niños

������ Elevar de 13 a 16 años la edad mínima para acceder a redes sociales, con mecanismos efectivos de verificación de edad.

El movimiento cuenta con el respaldo de especialistas que vienen alertando sobre la problemática.

La especialista en desarrollo infantil y pantallas, Silvina Pedrouzo, afirma: “El bienestar de un niño o un adolescente depende de un cuidador sensible y presente, que le brinde acompañamiento en todos los entornos que habita.”

El psicólogo Alejandro Schujman agrega: “Me entristece en lo profesional pero más en lo personal cuando veo a niños y niñas de dos o tres años en mesas de bares y restaurantes con sus padres abducidos por las tabletas.”

Desde Manos Libres remarcan que los padres no pueden enfrentarse solos a las grandes empresas tecnológicas y plataformas digitales que exponen de manera constante a los menores a contenidos potencialmente dañinos.

“Sabíamos que cuando uno decide no darle el teléfono a su hijo de forma aislada es un camino mucho más sinuoso y dificultoso que cuando lo hacés en comunidad, porque la presión baja y los chicos ya no pueden decir ‘mamá, todos lo tienen y yo no’. Generar acuerdos entre familias es clave para proteger a los chicos.”, concluye Elena Griolli, creadora de la petición.

La petición ya está disponible en Change.org y busca reunir miles de firmas para que el Congreso trate una Ley de Acceso Digital Infantil.