La noche de Buenos Aires vivió siempre en un estado de permanente mutación. La música, la ropa, los lugares, los tragos y hasta la forma de bailar fueron cambiando a lo largo de los años, al ritmo de una cultura emergente que nunca se queda quieta. Este proceso fue tomando cada vez más velocidad y tuvo un catalizador en la pandemia.

No recuerdo cuándo fue mi primera Bresh, calculo que en 2017 o 2018, en Niceto. Lo que sí recuerdo es la sensación de estar en algo distinto a todo lo que había vivido en mis años de salidas más intensas. La noche estaba cambiando otra vez. Había una energía nueva en el aire: más descontracturada, más diversa, más libre. La Bresh nació en 2016 como un gesto creativo frente a la rigidez de la noche porteña. Un grupo de amigos sintió la necesidad de crear un espacio donde el disfrute no estuviera mediado por el juicio, el estatus o la pose. Querían bailar lo que les gustaba, vestirse como quisieran y conectar sin prejuicios.

Ese gesto encontró eco. Lo que empezó como una fiesta con códigos propios se volvió un fenómeno cultural. Se viralizó en redes, se adaptó en pandemia con transmisiones desde la casa, y terminó conquistando escenarios inesperados: giras internacionales, shows en Qatar durante el Mundial y, hoy, un fenómeno global que probablemente sea la fiesta más grande del mundo.

Y la Bresh no fue la única. En estos años, nuevas escenas y colectivos siguieron empujando los límites de la noche porteña: Polenta, Sudan, Wasabi, el Club de la Serpiente, C-Baila, Remeneo… La lista es infinita, y lo que todas estas propuestas comparten es una nueva forma de habitar la noche, con la inclusión, el cuidado y la construcción de comunidad como banderas centrales.

La noche es un elemento clave en la cultura de cualquier ciudad. No solo porque habilita el encuentro entre artistas, creadores y públicos, sino porque permite que ese encuentro se dé en otros códigos, lejos de las normas más rígidas del día. En Buenos Aires, espacios como Deseo o Local Support son mucho más que una pista de baile super creativa o un bar eternamente de moda: son usinas culturales que condensan, remixan y proyectan el zeitgeist de la época.

Me interesa pensar la noche como un ecosistema de enorme vitalidad, y también como un territorio lleno de oportunidades. Un espacio donde convergen múltiples industrias creativas —música, moda, diseño, arte, gastronomía, audiovisuales— y donde cada noche puede convertirse en motor económico y expresión cultural.

En este número de Pulmón Creativo quiero invitarte a explorar esa posibilidad. A mirar la noche como lo que realmente es: una parte vital de la ciudad, del trabajo, del deseo y de la creación. Porque después del anochecer también se inventa el futuro.

Brothers in Arms - Fiesta Polenta (Oct 2024)
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