Viktor Kane es un escritor, pero también es una experiencia que va más allá de los libros.  El autor sin identidad pública, surgido de Bueu, comarca de O Morrazo (Pontevedra, España), asegura que quiere ser “la pregunta que acompaña al lector durante días”.   Viktor Kane, la intriga literaria que impacta por estos días en España, ahora llega a Latinoamérica y en conversación exclusiva con cadenaiberonews.com y buenosairesenvivo.com, detalla la historia de su thriller psicológico.

 

“Sin testigos” es el título del thriller psicológico que el autor publica a nivel internacional. Cuenta la historia de un psicólogo que pierde el control de su seguridad. Como si se tratara de un tablero de ajedrez, las piezas sorprenderán al lector cuando dos mujeres, por razones distintas, muevan el suelo del profesional que creía conocer la mente humana.

                – ¿Viktor Kane es un escritor o es una experiencia que trasciende los libros?

Viktor Kane: – Las dos cosas. Viktor Kane es un escritor, pero también es el umbral de una experiencia: una voz, una atmósfera, una forma de entrar en zonas de la mente que a menudo mantenemos cerradas. Los libros son el territorio visible; lo que sucede después —la sospecha, la incomodidad, la pregunta que acompaña al lector durante días— es donde verdaderamente empieza la experiencia. Mis redes sociales, las conversaciones directas con el público, mis lectores, el canal de YouTube y una app que estoy súper emocionado de compartir pronto (aunque todavía no puedo contar mucho), son todas piezas de un puzle más grande.  Todo esto se une para crear una experiencia que va más allá de cerrar un libro.  Es como si las historias cobraran vida y se extendieran más allá de sus páginas, ¡expandiendo el universo del escritor!

                                           – ¿Te incomoda que te pregunten quién eres?

V.K.: – No me incomoda; me interesa. Preguntar quién es alguien parece sencillo, pero casi nunca lo es. Todos somos una mezcla de lo que mostramos, lo que callamos y lo que otros imaginan sobre nosotros. En mi caso, prefiero que la respuesta no esté en una fotografía ni en una biografía, sino dispersa entre las páginas.

                                          – ¿Y algún día vas a revelar tu identidad?

V.K.: – Tal vez. Pero revelar una identidad no siempre revela a una persona. Puede satisfacer una curiosidad y, al mismo tiempo, destruir una parte del juego. Por ahora, el anonimato no es una estrategia publicitaria: es una frontera. Me permite desaparecer para que la historia ocupe todo el espacio.

                                                 – ¿De qué trata “Sin testigos”?

V.K.: – “Sin testigos” es un thriller psicológico sobre un hombre convencido de comprender la mente humana hasta que dos mujeres, de maneras muy distintas, desordenan sus certezas. Lo que comienza como una lucha por conservar el control acaba convirtiéndose en un descenso hacia el deseo, la culpa, la manipulación y el miedo. En el fondo, la novela plantea una pregunta incómoda: ¿quiénes somos cuando creemos que nadie nos está mirando?

 – El psicólogo que se creía dueño de certezas; dos mujeres que de formas distintas le mueven el suelo. ¿Hay algo de tablero de ajedrez?

V.K.: – En efecto, la situación es bastante compleja. David, inicialmente confiado en su conocimiento del tablero y en su capacidad para anticipar movimientos basándose en su experiencia profesional, se ve confrontado con una realidad inesperada. Las dos mujeres alteran radicalmente la disposición de las piezas, introduciendo señuelos, sacrificios y jaques que obligan a tomar decisiones y realizar movimientos aparentemente triviales, los cuales adquieren relevancia significativa en jugadas posteriores.

Este aspecto me resulta particularmente interesante: en el ajedrez, la victoria no siempre se alcanza mediante un ataque directo; en ocasiones, se logra induciendo al oponente a realizar movimientos estratégicamente convenientes.  En “Sin Testigos”, se observa un fenómeno similar. Todos los personajes creen poseer una estrategia definida, pero ninguno tiene una visión completa del tablero. Es posible que alguno de ellos haya iniciado la partida mucho antes que los demás.

                   – ¿El mejor ingrediente de suspense viene de las emociones humanas?

V.K.: – El suspense más intenso no viene de una puerta que se abre de golpe en mitad de la noche, sino de no saber por qué alguien la abrió y qué piensa hacer después. Sentimientos como el miedo, los celos, la culpa, la necesidad de ser querido o el deseo de controlar a alguien pueden ser mucho más peligrosos que cualquier amenaza que podamos ver. Un arma puede dar miedo, pero una emoción que no se controla bien puede cambiarlo todo.

                                – ¿En tu novela hay villanos o no te van esos maniqueísmos?

V.K.: – No creo demasiado en reducir a una persona a «buena» o «mala». Ese reduccionismo me interesa precisamente porque suele impedirnos entender por qué alguien acaba cruzando determinados límites. En Sin Testigos hay decisiones oscuras, daño y responsabilidades muy claras, pero también personajes que construyen una explicación interna para poder seguir viviendo con lo que han hecho. Lo inquietante es que casi nadie se percibe a sí mismo como el villano de su propia historia.

                                    – ¿Eres parte del thriller psicológico que escribes?

V.K.: – Sí, claro. No porque haya un personaje que sea yo, sino porque muchas cosas salen inevitablemente de cómo pienso. La forma de darle vueltas a algo, de desconfiar de una explicación demasiado sencilla, de fijarme en detalles que quizá otros pasarían por alto… todo eso está ahí. Luego los personajes toman su propio camino y hacen cosas que yo jamás haría, por suerte.

 – ¿Qué harías si en un futuro algún lector se interesa más en tu historia personal que en tus novelas y decide seguirte las pistas?

V.K.: – Que las siga. Parte de todo esto también consiste en jugar con lo que enseño y con lo que prefiero guardar. Eso sí, no daría por hecho que cada pista conduce a algo real. Algunas quizá sí, otras estarán ahí simplemente porque me divierte dejar dudas. Y si algún día alguien consigue llegar demasiado lejos, supongo que tendremos una conversación interesante.