Llega a Latinoamérica el nuevo libro de la escritora y psicopedagoga catalana Paqui Caballero, titulado “El viaje del alma”. La autora habla de la conexión espiritual existente en Latinoamérica, así como del escepticismo que crece en buena parte del mundo. Con especial énfasis dice tener la sensación de que “vivimos una extraña paradoja, nuestra sociedad pretende humanizar a los robots y, en cambio, robotizar a los humanos”.
Paqui Caballero autora de El viaje del alma
«Creo que Latinoamérica tiene una conexión muy especial con la espiritualidad, la sensibilidad emocional y la búsqueda interior. Además, es una tierra que ha dado grandes autores y referentes del crecimiento personal y la reflexión humana, como Paulo Coelho o Jorge Bucay, (escritor argentino, médico, psicodramaturgo, y terapeuta gestáltico), entre muchos otros. Percibo que existe una apertura muy natural hacia los temas relacionados con la conciencia, la trascendencia, la intuición o el mundo emocional. Quizá también porque hay una conexión muy profunda con la naturaleza, con las raíces y con una forma más humana y espiritual de entender la vida», revela la escritora.
Caballero, dice que las personas de Latinoamérica que han leído el libro le están enviando respuestas muy bonitas y muy emocionantes. Muchas le dicen que se han sentido profundamente identificadas y acompañadas con su lectura, y lo están recomendando muchísimo entre familiares y amistades.
«Para mí -afirma- eso es una buena señal, porque confirma que el mensaje del libro está llegando al corazón de las personas más allá de las diferencias culturales o geográficas. Y eso me emociona profundamente», manifiesta emocionada.
Nos adentramos en el universo de la escritora Paqui Caballero para descubrir el origen de “El viaje del alma”, y su profunda reflexión sobre sus extraordinarias vivencias sobre la vida, la muerte, y lo que hay después de la vida.
¿La muerte no existe?
Paqui Caballero: – A mi entender, la muerte como final absoluto no existe. Existe el dolor, el cambio y la ausencia. Muere una parte de nosotros con cada ser querido que se va, porque la experiencia humana siente la separación, el vacío y la transformación profunda que deja esa pérdida. Pero, en esencia, lo que ocurre es una transición. Un cambio profundo para quienes permanecemos aquí y un despertar hacia otra realidad para quienes se van. Es, simplemente, un cambio de dimensión, otro plano de existencia.
El cuerpo físico sí permanece aquí y atraviesa su proceso natural de descomposición. En eso estamos de acuerdo. Pero el alma, la conciencia, la esencia… continúan más allá de la muerte física.
¿La cultura del miedo nos aleja del sentido de la trascendencia?
P.C.: La cultura del miedo nos aleja de nuestro centro, desde luego, y también del sentido de trascendencia. Si estamos inmersos en el miedo no podemos pensar más allá. El miedo nos mantiene en modo supervivencia y si estamos en él no vamos a mirar más allá. Necesitamos liberarnos de esa cultura que nos quiere a todos ocupados, nerviosos, ansiosos y miedosos. Y debemos dar paso a conectar con nuestras capacidades, poner en valor la esencia única de cada uno de nosotros, ensalzar la cultura del “estoy aquí por ti, dime que necesitas”.
Necesitamos conectar con la humanidad. Tengo la sensación, y como yo mucha gente con la que hablo, que vivimos una extraña paradoja, nuestra sociedad pretende humanizar a los robots y, en cambio, robotizar a los humanos. Por eso es tan importante regresar a nuestro centro, reconectarnos entre nosotros, con la naturaleza y con nuestra propia esencia. Y, sobre todo, abrir la mente y el corazón a nuevas formas de comprender la vida.
-¿El alma viaja?
P.C.: – Sí, continuamente. Bajo mi punto de vista, el alma está en constante movimiento y transformación. De hecho, creo que incluso mientras dormimos seguimos viajando a otros planos de conciencia que muchas veces no recordamos al despertar. Pero el gran viaje del alma, para mí, es la encarnación aquí en la Tierra… y después, el regreso a nuestro verdadero hogar.
Ese es el gran viaje: habitar un cuerpo físico y, a través de él, experimentar la vida humana. Ahí comienza “la partida” dentro de este gran juego de la vida. Un recorrido en el que atravesamos pruebas, superamos obstáculos, nos enfrentamos a nuestros propios monstruos internos y celebramos también pequeños logros que dan sentido al camino.
Porque, en el fondo, todos venimos aquí a aprender, transformarnos y evolucionar. Cada experiencia, incluso las más difíciles, forma parte de ese movimiento del alma. Y quizá por eso no existe una vida completamente fácil. Cada ser humano libra batallas invisibles y atraviesa procesos que forman parte de su evolución y de su despertar de conciencia.
–¿Qué te lleva a la escritura de este libro?
P.C.: – Después de experimentar vivencias extraordinarias y de estudiar profundamente sobre la vida después de la vida, sentí que todo ese conocimiento acumulado —y, sobre todo, las experiencias transformadoras que había vivido— no eran solo para mí, sino para ser compartidas con el mundo.
Dicen que el camino hace el destino. Y, en cierto modo, lo que hice fue rendirme al mío. Agradecer todo lo aprendido y trasladarlo a los demás con toda la sensibilidad, el respeto y la humildad de la que soy capaz.
El libro nace siempre desde dos lugares: la experiencia personal y la búsqueda constante de comprensión a nivel académico, cultural, científico, filosófico, religioso y espiritual. No pretende imponer ninguna verdad absoluta, sino ofrecer una mirada más amorosa sobre la muerte y sobre el sentido de trascendencia.
Además, escribir este libro ha sido para mí profundamente sanador y liberador. De hecho, siempre digo que su principal objetivo es llevar consuelo, alivio y paz a personas que atraviesan situaciones muy difíciles de comprender desde un punto de vista únicamente racional.
En realidad, he escrito el libro que a mí me habría gustado leer cuando murió mi madre. Yo tenía 13 años. Apenas entendía la vida que ya tenía que entender la muerte.
En ese momento me dirigí a Dios y le dije: vale, no entiendo porque te la has llevado tan pronto, pero por favor, ayúdame a saber que ella está bien y que nos volveremos a ver. A partir de ahí llegan a mis libros, historias, personas, filosofías, culturas,testimonios…Y entonces recopilé y contrasté todo tipo de información.
Paralelamente me formé en muchas disciplinas y experimenté una fuerte conexión con el campo cuántico o la supraconciencia, lo que me llevó a plantearme seriamente exponerlo todo en un libro.
¿En el proceso de escritura cambió tu perspectiva de la vida o eso ya había ocurrido en ti?
P.C.: – El cambio de perspectiva ya había ocurrido antes en mí. Cuando empecé a escribir el libro, ya sentía una profunda certeza interior sobre la existencia de vida más allá de la muerte física y sobre la idea de que somos mucho más que un cuerpo. También había comprendido, desde mi propia experiencia y búsqueda, que todo está conectado a través de la energía y que cada ser humano interpreta la realidad desde su propio nivel de conciencia y percepción.
Había muchas reflexiones, experiencias y aprendizajes acumulados dentro de mí relacionados con la vida, la muerte y el sentido de la existencia. Y, en cierto modo, escribir el libro me ayudó a ordenar todo ese conocimiento y darle forma.
Lo hice con la intención de aportar una mirada más amplia y luminosa sobre un tema tan tabú y tan difícil de abordar como es la muerte. Porque creo que hablar de la muerte también es una forma profunda de aprender a mirar la vida.
– ¿Cómo estructuras la obra?
P.C.: – He intentado estructurar la obra de una manera bastante cronológica.
Comienzo explicando mis primeros momentos de conexión con el mundo de la supraconciencia y cómo nació en mí esa necesidad profunda de investigar qué hay después de la muerte.
A partir de ahí, voy entrelazando aprendizajes, investigaciones y experiencias extraordinarias que han ido ocurriendo a lo largo de mi vida. Lo curioso de todo es que, justo cuando terminé el libro, mi padre falleció. El libro ya estaba en proceso de maquetación.
Recuerdo llamar a mi maquetadora y pedirle que frenara todo porque necesitaba escribir un último capítulo dedicado a él. Y ahí comprendí algo muy profundo.
El libro comienza hablando de cómo la muerte de mi madre me llevó a investigar qué hay después de la vida… y termina, de una forma casi circular y nada premeditada, con la aceptación de la muerte de mi padre.
Como si la vida hubiera querido cerrar el relato exactamente donde debía cerrarse. Y, después de todo el camino recorrido, con la certeza absoluta de que, para mí, definitivamente existe vida después de la vida.
– ¿Qué le dirías a una persona escéptica que se negara a leer tu libro por el título?
P.C.: – Le diría, primero, que no sabe lo que se pierde, ja, ja, ja. Porque, más allá del título, creo sinceramente que es un libro profundamente transformador.
Un libro que pretende aliviar, acompañar, consolar y abrir nuevas preguntas sobre algunos de los grandes misterios que la humanidad lleva siglos planteándose.
Pero, también le diría que el libro va mucho más allá de la visión sobre la trascendencia o la vida después de la muerte. Habla de las pérdidas, del duelo, de los abortos, del suicidio, de la noche oscura del alma que todos atravesamos tarde o temprano… y, al mismo tiempo, habla también de esperanza, de comprensión, de aceptación, de trasformación, de evolución.
Hay experiencias reales, reflexiones profundas y mensajes muy emocionales con los que muchas personas se sienten identificadas. Muchas personas me dicen que es como estar conversando conmigo. Y eso me emociona muchísimo.
Yo siento este libro como algo muy especial. Como una obra escrita desde un lugar muy profundo de mi alma. Y quizá por eso está conectando de una manera tan intensa con las personas que lo leen. Lo más bonito para mí es ver cómo muchos lectores terminan el libro sintiéndose más acompañados, más en paz y menos solos frente a ciertas experiencias de la vida y de la muerte.
– Se dice mucho que en la Europa actual impera el ateísmo, la falta de fe en lo invisible. ¿Esto es así? Si fuera el caso, ¿cómo comulgas con esa realidad?
P.C. – Durante muchos años, gran parte del conocimiento en nuestra sociedad se ha basado únicamente en aquello que puede verse, tocarse, medirse o demostrarse de forma tangible.
Y, evidentemente, la ciencia ha aportado avances extraordinarios y fundamentales para la humanidad. Pero también es cierto que existen experiencias humanas profundamente reales que no siempre pueden medirse o explicarse desde un punto de vista completamente racional y científico. El amor, por ejemplo. No podemos verlo, medirlo, ni pesarlo… y, sin embargo, nadie duda de su existencia.
Creo que hay dimensiones de la vida que todavía estamos aprendiendo a comprender. Y quizá la espiritualidad no viene a contradecir a la ciencia, sino a abrir preguntas que aún no tienen todas las respuestas. Yo entiendo y respeto profundamente que cada persona, cada cultura, cada religión y cada sociedad atraviesen sus propios procesos de conciencia y comprensión.
No todo el mundo tiene que pensar igual ni recorrer el mismo camino espiritual. Por eso, el libro no pretende imponer ninguna verdad absoluta. Simplemente comparte una mirada, unas experiencias y una investigación profunda sobre la trascendencia y el sentido de la existencia.
Y siento que llegará a quien tenga que llegar. Porque, al final, cada persona encuentra ciertas respuestas cuando está preparada para recibirlas. Yo sí creo que existe un orden más profundo en la vida, aunque muchas veces no logremos comprenderlo del todo en el momento presente.
– ¿Seguirás escribiendo sobre el alma?
P.C.: – Sí, por supuesto. Siempre que sienta que tengo algo valioso que compartir, seguiré escribiendo sobre el alma, la conciencia y el sentido profundo de la existencia. Me parece un tema apasionante, inmenso, lleno de incógnitas, matices y aprendizajes constantes.
De hecho, mientras escribía este libro, me di cuenta de que necesitaba seguir profundizando mucho más en todo lo que he aprendido, investigado y experimentado a lo largo de estos años. Por eso este libro es solo el primero de tres. La idea es crear una trilogía que pueda servir de guía, reflexión y acompañamiento para todas aquellas personas que estén atravesando procesos de pérdida, despertar, transformación o búsqueda interior.
Mi deseo es que estos libros puedan aportar un poco de luz, claridad, consuelo y alivio a quien lo necesite. Porque, al final, todos los seres humanos nos hacemos las mismas grandes preguntas en algún momento de nuestra vida.