Ante esta situación, es necesario adoptar medidas urgentes y eficaces para prevenir,
mitigar y adaptarse a la sequía. Sobre todo, para ajustar coherentemente el sistema de
comercio de emisiones, el cual presiona a la pequeña y mediana empresa para que su
producción sea más sostenible, pero que sigue permitiendo a las grandes corporaciones
emitir cantidades de dióxido de carbono (CO2) absolutamente perjudiciales para el
planeta, a cambio de compensaciones económicas. Evidentemente, aunque la ciudadanía
pueda estar concienciada sobre la importancia de cuidar y ahorrar el agua, mientras se
siga poniendo «precio al carbono», habrá quiénes puedan pagarlo sin dejar de contaminar
y, en consecuencia, aumentando los niveles del calentamiento global.
¿Qué causa la sequía?
Uno de los principales factores que contribuyen a la sequía es el cambio climático,
causado, en primer lugar, por el aumento de la concentración de gases de efecto
invernadero en la atmósfera, como el dióxido de carbono, el metano y el óxido nitroso.
Estos provienen de la quema de combustibles fósiles, la deforestación y la
industrialización masiva, y atrapan el calor en la atmósfera terrestre, elevando
gradualmente la temperatura promedio global.
El incremento de las temperaturas ejerce un impacto directo sobre la disponibilidad
hídrica. Conforme el clima se torna más cálido, la evaporación del agua presente en
cuerpos hídricos y en el suelo se intensifica, lo que conlleva a una disminución en la
provisión de agua dulce. Paralelamente, los patrones de precipitación están
experimentando cambios, dando lugar a lluvias más escasas e irregulares.
¿Quiénes son responsables?
En cuanto a la principal responsabilidad del cambio climático, esta recae en los países
industrializados y en las grandes corporaciones contaminantes. Estados Unidos, China, la
Unión Europea, entre otros, son los mayores emisores de gases de efecto invernadero.
Sin embargo, sus intereses económicos prevalecen ante la adopción de normas
ambientales globales que podrían haber impedido que la sequía alcanzara los niveles
actuales. De esta manera, se pueden determinar como responsables de esta
problemática a los siguientes factores:

• La falta de eficacia política: muchos países, especialmente los más desarrollados
y contaminantes, no asumen con determinación los compromisos para reducir sus
emisiones de gases de efecto invernadero, por no perder competitividad, soberanía
o beneficios económicos. Por otro lado, hay un exceso de regulación que no es
proporcional a las cargas burocráticas y los trámites administrativos necesarios
para la transición de las empresas hacia sistemas de producción más sostenibles.
• La falta de cooperación internacional: el calentamiento global es un problema
que requiere una acción colectiva y coordinada de todos los países, pero también
genera desigualdades y conflictos entre ellos, por ejemplo, sobre la responsabilidad
histórica, la distribución de la carga o el acceso a los recursos.
• La falta de capacidad institucional: el sistema de gobernanza ambiental global
es débil y fragmentado, y carece de mecanismos efectivos para hacer cumplir las
normas, sancionar a los grupos incumplidores o resolver las disputas. Además, las
ayudas económicas que ofrecen los gobiernos para que las empresas puedan
volverse más sostenibles son insuficientes, sus procesos son complicados, y no se
otorgan de manera equitativa.
• La insuficiencia de la participación social: la sociedad civil, los movimientos
sociales, las organizaciones no gubernamentales y otros actores han tenido un
papel limitado en la elaboración, implementación y evaluación de las normas
ambientales globales. Incluso, han enfrentado diversas formas de persecución,
represión y criminalización en distintos lugares y contextos cuando reclamaron por
un cambio en pos del bienestar ambiental.
Numerosos datos sugieren que las grandes empresas tienen mayor responsabilidad que
la sociedad civil en la contaminación mundial. Un informe de 2017 reveló que solo 100
empresas produjeron el 71% de las emisiones globales de dióxido de carbono desde
1988. Otro informe de 2020 señaló que las 50 principales empresas españolas generaron
el 40% de las emisiones totales de España en 2018. Además, se ha calculado que las
emisiones directas de CO2 de las 50 principales empresas alcanzan el 19,8% de las
emisiones totales del país.
No obstante, la ciudadanía también tiene parte de responsabilidad debido a la demanda
de los productos y servicios de esas empresas, generando contaminación con sus hábitos
de consumo, transporte, vivienda, etc. Por lo tanto, se requiere un cambio de modelo a
nivel empresarial, así como también individual, que promueva la eficiencia, la innovación y
la sostenibilidad en el uso de los recursos naturales.
¿Qué consecuencias tiene la sequía?
La sequía tiene múltiples consecuencias negativas para la sociedad y el medio ambiente,
que se pueden clasificar en tres tipos:
• Las consecuencias físicas: son aquellas que afectan al estado y al funcionamiento
de los ecosistemas naturales y artificiales.
• Las consecuencias económicas: son las que afectan al rendimiento y al desarrollo
de los sectores productivos y de los servicios.
• Las consecuencias sociales: aquellas que afectan a la salud, la educación, la
cultura y el bienestar de las personas.

¿Cuáles son las posibles soluciones?
Para llevar adelante acciones que puedan solucionar la creciente problemática generada
por la sequía, es muy importante informarse a través de fuentes fiables para no caer en
los discursos negacionistas. Existen líderes y partidos políticos en el mundo, los cuales
responden a ideologías de derecha y extrema derecha, que han expresado posturas
escépticas sobre el cambio climático, absolutamente contrarias al consenso científico.
Por ejemplo, Donald Trump, ex presidente de Estados Unidos, quien ha hecho
declaraciones negando o minimizando el cambio climático, y que, en una ocasión, llegó a
afirmar que el concepto del calentamiento global fue creado por los chinos para hacer
que la economía estadounidense no sea competitiva; Boris Johnson, primer ministro del
Reino Unido que en el pasado ha hecho comentarios escépticos sobre el cambio
climático, pero que ha cambiado su postura en los últimos años; el presidente de Rusia
Vladimir Putin, quien sugerido en el pasado que el cambio climático podría ser
beneficioso para su país; Jair Bolsonaro, el ex presidente de Brasil y Santiago Abascal,
líder del partido político español Vox, quienes también han realizado comentarios
negacionistas sobre el cambio climático; e Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la
Comunidad de Madrid, quien ha llegado a acusar de comunistas a quienes se movilizan
para frenar el cambio climático, afirmando que el calentamiento global tiene filiación
política y constituye una ideología, y no un hecho demostrado científicamente.
Combatir la sequía y el cambio climático es una responsabilidad colectiva que demanda la
implicación activa de todos los sectores de la sociedad. Gobiernos, empresas,
comunidades locales, organismos internacionales y cada individuo desempeñamos un
papel esencial en la implementación de políticas y prácticas sostenibles. La efectividad de
nuestras acciones coherentes y fundamentadas determinará si el poder se aleja de
aquellos que actúan irresponsablemente buscando su beneficio personal en perjuicio del
bienestar social general.

Crédito: Nota. Bárbara Balbo