Los cambios de temporada pueden producir empeoramientos de los síntomas de alergia, sobre todo
en aquellos pacientes que sufren de rinitis alérgica o asma. Esto depende, por un lado, de cada
paciente y del tipo de alergia que tenga cada uno y por otro, de la exposición a los elementos que
producen alergia, que pueden variar en las diferentes estaciones del año.

Por Dr. Claudio Parisi, autor del libro “Manual para entender la alergia”, publicado por del hospital
ediciones del IUHIBA

Si bien se asocia a la primavera con las alergias, debido a la presencia de pólenes, la mayoría de las
personas con rinitis o asma en las regiones húmedas del mundo, tienen alergia a los ácaros. Estos
pequeños arácnidos viven fundamentalmente en el interior de los hogares y requieren la presencia
de humedad para sobrevivir y reproducirse. Entonces el otoño y el invierno se vuelven temporadas
proclives a las alergias respiratorias, por la alta reproducción de ácaros y a la vez coincide con una
época en la que estamos más tiempo encerrados y ventilamos menos por las temperaturas bajas.
Para reducir la exposición a ácaros, la ventilación de los espacios internos se vuelve fundamental.

La prevención de este tipo de afecciones debería comenzar desde el nacimiento. Se sabe que hay
factores de riesgo para desarrollar alergias como nacer por cesárea, el uso frecuente de antibióticos
desde temprana edad (es importante el uso racional), vivir en ciudades, la polución ambiental, la
escasa exposición al sol, la alimentación rica en grasas, entre otros. Sin embargo, todavía no está
claro cuáles son las pautas preventivas correctas.

Una vez diagnosticada la alergia, la prevención de los síntomas va a depender de las medidas
ambientales para reducir la exposición a los alérgenos, el uso de tratamientos preventivos con
medicamentos y las vacunas para la alergia. La educación en estos temas, es la columna vertebral de
este proceso y es el médico alergólogo el encargado de acompañar al paciente y/o la familia.

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Los barbijos, sobre todo aquellos con poros muy pequeños como los N95, permiten reducir la
inhalación de los alérgenos que se encuentran flotando en el aire ya que estos elementos producen
alergia al entrar a la vía aérea por la nariz o la boca o por el contacto con la conjuntiva ocular. En
este último punto, los anteojos o antiparras pueden actuar de la misma manera.
En el libro “Manual para entender la alergia”, editado por delhospital ediciones, se abordan
diferentes tratamientos para este tipo de afecciones como el uso de antihistamínicos modernos que
no dan sueño y los spray o aerosoles con corticoides. Es muy importante que el paciente tenga el
diagnóstico adecuado, sepa qué es lo que tiene que evitar y use la medicación preventiva que le
indicará su especialista.

Por otro lado, existe un tratamiento no farmacológico que se llama inmunoterapia o vacunas para la
alergia. Este tratamiento que debe ser indicado y monitoreado por un alergólogo, utiliza los
elementos que le producen alergia a cada paciente en particular, y los aplica por inyecciones
subcutáneas o gotas sublinguales en concentraciones crecientes y durante un tiempo aproximado de
3 años. Este tratamiento está destinado a que el sistema inmunológico tolere los elementos que
producen alergia.

Para concluir, es vital evitar la automedicación. Los descongestivos para la nariz y los corticoides por
boca pueden generar efectos adversos.

Claudio Parisi, médico pediatra especialista en alergia. Jefe de la Sección Alergia del Servicio de Clínica
Pediátrica del Departamento de Pediatría y Coordinador de Alergia de adultos del Hospital Italiano de Buenos
Aires.
El libro “Manual para entender la alergia”, se puede adquirir en papel en el Carrito Online de del hospital
ediciones y en el Stand del Instituto Universitario del Hospital Italiano de Buenos Aires (Perón 4190, 1° piso).